viernes, mayo 25, 2007

PLATÓN, EL PARADIGMA ESTILÍSTICO

El Banquete

Al comenzar a leer este dialogo de Platón, nos encontramos con un hombre que va, y se encuentra con otro, y comienza a contarle, camino hacia Atenas...

Algo, esta quedando fuera, hay algo en la lectura que exige detención inmediata. Un cierto imperceptible, del que dar cuenta, quizá...

Me detengo, voy a comenzar de nuevo, dejemos esto como una partida falsa...

La escuela de Atenas, de Rafael

La común interpretación que se hace de Platón, digamos lo que entendemos de él, popularmente, nos dice que Platón, en su teoría del mundo de la ideas, y en sus concepciones generales de mundo, tiende a despreciar, en cierta manera, por no decir rotundamente, el mundo sensible.

El mundo sensible, la mera apariencia, si bien, tiene un cierto peso en algunas alusiones platónicas, en general, podríamos decir que, para Platón el mundo sensible no tiene mayor importancia.

Prueba de esto, sería quizás el recordar la pintura de Rafael, donde Platón apunta hacia el cielo, en contraposición a Aristóteles.

Platón, con El Timeo en un brazo, dialogo, donde expone su teoría sobre el origen del cosmos y que tiene directa relación con lo más abstracto de la teoría de las ideas. Platón en este diálogo nos presenta nuevamente su distinción entre lo que siempre es real y no tiene devenir, que es aprehensible por el pensamiento con una consideración racional y lo que está siempre en devenir y nunca es real, que es objeto de creencia junto con la sensación irracional.[i]

Aristóteles en cambio sostiene la Ética, sobre el comportamiento y como ser feliz en la polis.

Rotter & Krauss

Mayo, época de gripe, y resfrío. Voy a una farmacia y mientras espero ser atendido, mayo, época de farmacias llenas, miro, una cartilla de una óptica que ofrece anteojos a todo publico, la letra de la cartilla va en aumento, y por suerte puedo leerla entera, tengo buena vista, eso es bueno. Dice: "Sin la vista, nuestras percepciones se vuelven estáticas y aisladas. Con ella tenemos luz, sombra y color, sin ella, sólo tenemos oscuridad. (...etc, etc, etc.)"

Lo he señalado en un articulo anterior, se ha señalado quizás mil veces en la historia, lo que Platón justamente quiere lograr, es un acceso a la realidad estática, aislada y única, que conforma la verdad, verdadera de lo real. Sólo hay una luz valida, la luz de la verdad, y todas esas luces y sombras que nos da la percepción, no son, para él, más que un mero engaño, de nuestros sentidos.

Debido a esto es que Platón reprocha severamente el arte, ya que este se trataría de una mimesis, una imitación de las cosas fenoménicas, que, como señalaba, son a su vez una imitación de los eternos paradigmas de las ideas. El arte se convierte en copia de una copia, apariencia de una apariencia.

El paradigma

Una vez puestas estas cartas sobre la mesa, hay dos puntos que me gustaría tratar, y que me parecen son a mi juicio lo paradigmático de todo esto.

Antes, especifico una vez, más mi punto de partida, de modo que quede claro, en Platón, hay un desprecio por lo aparente, y en este desprecio, hay también, quizás un desprecio mayor por el arte. "el arte no desvela, sino que vela la verdad, porque no es una forma de conocimiento; no mejora al hombre, sino que lo corrompe, porque es engañoso; no educa, deseduca, porque se dirige a las facultades arracionales del alma, que constituye las partes inferiores de nuestro ser."[ii]

Entonces, quisiera dar cuenta de la primera dificultad. Por qué esta necesidad de expulsar a los poetas de la polis. ¿Por qué, el artista es peligroso, si lo aparente es despreciable?

Platón, nos pone en una encrucijada, de la cual el mismo responde, dando cuenta, de la dificultad de hacer convivir la verdad verdadera del filósofo, con las mentiras de los artistas.

Hasta aquí, mi pregunta es una payasada. En una rápida mirada se diría es innecesaria, lo dije, anteriormente, para Platón, los artistas son peligrosos porque se dirigen a las facultades arracionales del alma.

Pero, y aquí mismo resalta el problema. Aparentemente, podemos dilucidar, en este intrincado camino, que la razón, la racionalidad, no es evidentemente el único camino posible.

Parménides nos habló de dos caminos, el del ser y el del no ser.

Platón reconoce la fuerza de la irracionalidad, en la complejidad humana, por lo que se ve obligado a cerrarle el paso. Debe evitar un forcejeo, que no conduce a ningún lado.

Platón, sabe, que al volver el filósofo a la caverna, encontrara resistencia, en los cautivos, quienes no creerán lo que les dice, entonces, el filósofo deberá hacer uso de un espejo, para mostrar lo que hay fuera de la caverna, en un intento por liberarlos. La liberación que promete el filósofo es una liberación a la luz de la verdad. Pero el espejo es frágil, y el poeta es capaz de quebrarlo. Entonces aquella verdad que era una, se verá fragmentada tantas veces como el espejo, velando la unidad tras un manto de particularidades.

Si la verdad, no es una sino múltiple, entonces, que ventaja tiene sobre el mundo de las apariencias.

Así, Platón, da la entrada para una nueva valorización del mundo sensible, la apariencia no es absolutamente despreciable, pues en la mimesis del poeta, hay un fragmento de verdad, que puede hacer confundir, incluso al filósofo. La creación artística, da valor a lo aparente, al mezclarlo con una dosis de verdad, la verdad de la multiplicidad, a la que Platón tanto teme.

Así, la única forma de que los hombres de la caverna, puedan verse en su encarcelamiento, es que no halla más verdad que la del filósofo.

Calibán

El desprecio del siglo diecinueve por el realismo es la furia de Calibán al ver su propio rostro en un espejo. El desprecio del diecinueve por el romanticismo es la rabia de Calibán al no ver su propio rostro en un espejo.[iii]

Platón, ve en el arte, el peligro, de confundirse entre la mimesis del mundo. Ve ahí, la posibilidad de una verdad en la multiplicidad. Al igual que Calibán, Platón, al verse en el espejo, ve la posibilidad de que este se quiebre, de que la multiplicidad lo destruya o le muestre una verdad de la que no puede dar cuenta puesto que, una vez quebrado el espejo, es casi imposible volver a reconstruir todas sus piezas.

Le enfurece encontrarse consigo mismo, pues él, en el espejo es un otro igual a él, es él mismo que se vuelve un otro, enfrentándolo, y ante el cual, no se puede hacer más frente que el mirarlo.

Si Platón no viese reflejo alguno en el espejo, sentiría, desprecio, pero también habría desprecio de sí mismo, de no encontrar nada, de no haberse logrado.

El enemigo, numero uno de Platón esta en el espejo, si esta ahí, no queda más que tapar el espejo y no verlo. No hay otro modo de enfrentarse ante el reflejo que ese. Expulsar a los poetas, y darles una fiesta de despedida, rendirles homenaje.

Platón, podrá enfrentar a Sócrates, contra todos los sabios y sofistas de los tiempos, y no habrá problema. La racionalidad socrática devalará razones, mientras nos desenvolvamos en el mismo plano. Pero en el momento en que los planos se crucen, el personaje principal, corre el riesgo de volverse un secundario.

El más variado dominio del estilo.

Platón, siente furia al verse en el espejo. Qué hay en el espejo.

Platón es un poeta, uno de los expulsados, él se encuentra a sí mismo, como juez y parte del problema.

Son innumerables los textos e introducciones[iv] que hacen referencia al peculiar estilo de Platón. Él no desarrolló sólo uno, pero para efectos de este articulo, haremos una pequeña referencia de su estilo de "diálogos".

Platón, es el creador de un nuevo género, el diálogo, combinando un estilo literario altamente poético con elementos dramáticos en forma de conversación entre Sócrates (figura que sería posteriormente sustituida por un viajante extranjero) y uno o más interlocutores.

De este nuevo genero, podemos rescatar en su uso platónico, dos elementos del diálogo, el logos y el mithos. El primero representa la doctrina racional y filosófica que pretende educar a los ciudadanos, mientras que el segundo aparece como una historia, de inspiración mitológica, que ejemplifica el discurso y habla al pathos, la parte irracional y simbólica del hombre.

Es muy interesante ver que, como autor literario, Platón demuestra un dominio asombroso de la lengua griega, que maneja con gran elegancia aunque también empleando palabras sencillas, fácilmente comprensibles, con profusión de metáforas y símiles, que se fue haciendo cada vez más artificioso a medida que envejecía su autor.

Debido a esto se ha llegado a clasificar los diálogos en tres grupos en base a un criterio estilístico y cronológico: los primeros diálogos, conocidos también como aporéticos, tratan de definir alguna cualidad humana como la virtud o el valor, sin llegar a conseguirlo totalmente, pero logrando desenmascarar las preconcepciones falsas que se interponen entre el hombre y la realidad de las ideas. Esto es lo que significa la aporía, el fracaso a la hora de responder a la pregunta formulada, un callejón sin salida. Los diálogos intermedios, que constituyen la cima estilística de Platón, presentan los mitos más elaborados y sitúan la acción en escenarios vívidamente descritos. Este es el influjo de la técnica dramática de la tragedia que mencionábamos más arriba. Finalmente, los últimos diálogos son mayoritariamente considerados por la crítica como mediocres en cuanto a la técnica literaria, presentan una estructuración excesivamente estudiada de palabras y frases cercana al amaneramiento, y renuncia progresivamente a los elementos dramáticos en virtud del contenido político y filosófico.

¿Hemos de tener presentes los sueños?

--¿Hemos de tener presentes los sueños?--, preguntó Joseph. --¿Podemos interpretarlos?

El maestro lo miró a los ojos y lacónicamente respondió: --Debemos tenerlo presente todo, puesto que podemos interpretar todo.[v]

Si, debemos tener absolutamente todo en consideración, hasta el punto de fijar nuestra mirada, no sólo en el qué se dice, sino también en el cómo. Entonces podemos dar cuenta de una vez, de la odiosa contradicción platónica, entre su estilo, su pluma, y su pensamiento.

Pero, no es acaso el cómo y el qué, parte absoluta de lo mismo, de modo que ambos, son uno. Si es así, entonces, por qué tal cuidado de la pluma. Platón, establece que el único lugar del arte en la polis, debe ser al servicio, o en funcionalidad de algo mayor. De este modo, debían haber en la polis algunos músicos, para que guiaran y acompañaran en las marchas militares, específicamente percusionistas.

Tomando esto en consideración, la pluma de Platón estaría plenamente justificada al servicio de la filosofía, y como tal, sus despliegues dramáticos y narrativos, no serian más que un recurso en función de la expresión de una idea.

Si es así, no hay más problema, no hay nada más que agregar, dí ya cuenta de una cierta inquietud, la intención de escarbar en la confrontación entre el Platón poeta y el filósofo. Presente lo que podría ser un problema, dí cuenta de algunos caracteres y finalmente se diluyo en el aire.

En esta disolución algo queda, una pregunta, ¿Hemos de tener presentes los sueños?.

La posibilidad en Nietzsche

Es Alexander Nehamas, quien nos abre una posibilidad; "Los estilos de Nietzsche son esenciales para nuestras propias interpretaciones de sus interpretaciones, y son, en sentido estricto, para insistir una vez más, inseparables del fondo de su pensamiento. Lo que para Nietzsche fue un rasgo necesario pero nunca tenido en cuenta por la filosofía se convirtió en su caso, tras una vida de entrega, en un triunfo consciente: demostró que la escritura es quizá la parte más importante del pensamiento."[vi]

¿Qué quiso decir Platón en su estilo?

Saludos cordiales.



[i] Platon, "Timée / Critias", Paris, Flammarion, 1992.

[ii] Giovanni Reale, Dario Antiseri "Historia del pensamiento filosófico y científico" Tomo I, Ed.: Herder, Barcelona, 1995 pp.: 139

[iii] Oscar Wilde, "El retrato de Dorian Gray"

[iv] Luc Brisson, "Introdution" dans Platon "Le Banquet" Paris, Flammarion, 2005

[v] Herman Hesse, "El juego de los abalorios"

[vi] Alexander Nehamas, "Nietzsche, La vida como literatura", Turner y Fondo de Cultura Económica, 2002 pp.: 61