miércoles, octubre 17, 2007

La Organización Económica de un Campo de Prisioneros de Guerra

"The Economic Organization of a P.O.W. CampR. A. Radford

Introducción

Desechando la influencia que pueden tener ciertas circunstancias anormales, las instituciones, las ideas y los hábitos sociales, se encuentran reflejadas en un campo de concentración para prisioneros de guerra. Esta es una organización social poco frecuente, pero sí vital. La organización del campo y ciertas políticas internas, son asuntos de verdadera importancia para los prisioneros por cuanto afectan su situación actual y, tal vez también su situación futura. Nadie pretende que los asuntos relacionados con un campo de concentración tengan mayor interés para el resto de las personas, pero para los prisioneros, ellos son muy importantes. Estos viven en un mundo de estrechos horizontes donde el futuro les puede deparar cualquier destino. De ahí que para los prisioneros no haya cosa más importante que los acontecimientos del campo de concentración.

Un prisionero estará preocupado y tendrá opinión formada sobre lo que para nosotros puede ser un detalle. Por ejemplo, si los alimentos deben ser entregados crudos a los prisioneros y cocinados por ellos o si deben ser servidos listos para comerlos. Ello, sin perder de vista las noticias de guerra o dejar de formarse opinión sobre el Tratado del Atlántico y otros asuntos de la guerra, importantes para la opinión pública de fuera del campo.

Un aspecto de la organización social se encuentra en la actividad económica, y ésta, junto a otras manifestaciones de la existencia del grupo, se encuentra en cualquier campo de concentración. En verdad, un prisionero no depende enteramente de sus apresadores para la provisión de sus necesidades o aún de sus caprichos o sus lujos, sino que, más bien, a través de su actividad económica- el comercio- su estándar de vida puede ser alzado substancialmente, constituyendo, en consecuencia, el comercio una preocupación seria para ellos. Es cierto que la pequeña escala de transacciones simples –cigarrillos, jamón, hojas de afeitar -, hace difícil de apreciar la importancia que para el prisionero tiene esta actividad, aún para aquellos que como el autor, hace apenas tres meses que han dejado el campo.

En un campo de concentración puede haber poca producción, el énfasis de la actividad económica recae en el comercio y en el dinero. Un campo de concentración no puede ser comparado, desde este punto de vista, con una economía normal, pero tampoco es realista compararla con la inercia económica que significa una simple mesa de comensales.

Naturalmente que las entretenciones, el interés académico y literario, los juegos y las discusiones acerca del mundo de afuera, juegan un papel más importante que el que las preocupaciones de todo orden. Pero sería erróneo subestimar la importancia de la actividad económica. Cada uno de los prisioneros recibe más o menos la misma cantidad de bienes esenciales; es mediante el comercio que las preferencias individuales se manifiestan y el bienestar de todos se incrementa. Todos hacen cambios de un tipo o de otro y algunos se dedican a ello.

A pesar de que un campo de prisioneros provee un ejemplo vivo del funcionamiento de una economía simple que podría ser usado como una alternativa de la Economía tipo Robinson Crusoe, tan utilizada por los textos, y su simplicidad sirve para mostrar o demostrar ciertas hipótesis amenas e instructivas, se dice que la principal lección de una organización de este tipo es sociológica.

En verdad, hay interés en observar el crecimiento de las instituciones económicas y la creación de costumbres en una sociedad nueva – como un campo de prisioneros -, lo suficientemente pequeña y simple para evitar que los detalles obscurezcan los procesos básicos del funcionamiento del sistema social. Pero el interés fundamental radica en la universalidad y espontaneidad de la vida económica; que nace no por una limitación consciente de situaciones pasadas o externas al campo, sino como una respuesta a necesidades y circunstancias inmediatas. Cualquiera similitud entre la organización de prisioneros y organizaciones de fuera nace, en consecuencia, de estímulos similares que requieren de respuestas parecidas.

Lo que sigue, es una breve discusión de los datos esenciales de la organización del campo de concentración. El campo sobre el cual el autor tuvo experiencia, era uno en el cual el proceso económico no tenía la complicación que los prisioneros trabajaban por un pago para quienes ostentaban el poder. Consistía, normalmente, de una población entre 1.200 y 2.500 personas, que habitaban edificios separados pero intercomunicados, destinados, cada uno, a una compañía de 200 prisioneros. Cada compañía constituía un grupo dentro de la organización principal y dentro de la compañía, el mismo dormitorio y otros grupos informales voluntarios formaban unidades sociales menores.

Entre los individuos había un comercio activo de toda clase de bienes de consumo y algunos servicios. La mayor parte del comercio era el cambio de alimentos por cigarrillos, pero al cabo de cierto tiempo, los cigarrillos dejaron de ser un bien cualquiera para transformarse en dinero. Los marcos existían pero casi no tenían circulación, excepto para pagar deudas de juego y para comprar uno que otro artículo en el casino del campo.

Los abastecimientos de los prisioneros consistían en raciones repartidas por la autoridad del campo y (principalmente) en el contenido de paquetes entregados a cada uno por la Cruz Roja. Tales paquetes contenían leche envasada, jamón, mantequilla, pasteles, chocolates, azúcar, etc. y cigarrillos. Generalmente las raciones para cada cual eran iguales y repartidas con regularidad. Se recibía también algunas donaciones particulares de ropas, artículos de uso personal y cigarrillos y, con ellas, la completa igualdad y regularidad se rompía, debido al diverso número de donaciones que cada uno recibía. Con todo, estos artículos eran, además, objetos de comercio.

El Desarrollo y la Organización del Mercado

Muy poco tiempo después de ser capturado, cada prisionero se dio cuenta que era innecesario y no le convenía rechazar aquellas raciones o regalos que no le gustaban y aceptar sólo aquellos que eran de su agrado. Debían aceptar todo y comerciarlo como una forma de maximizar la satisfacción que le producía cierta cantidad de bienes.

Los prisioneros llegamos a un campo de concentración transitorio, ubicado en Italia, alrededor de una semana después de ser capturados, y recibimos el llegar ¼ de ración de la Cruz Roja. El intercambio de cosas comenzó de inmediato. Se inició como un simple trueque directo, como por ejemplo, que un no fumador entregaba su ración de cigarrillos a un amigo que fumaba, a cambio de una ración de chocolate. Intercambios más complicados aparecieron muy pronto en el campo.

Circulaba un cuento de un sacerdote que inició una mañana su intercambio en el campo, con una porción de queso y cinco cigarrillos y volvió en la noche a acostarse con el equivalente de una ración completa de las que repartía la Cruz Roja, además de su porción de queso y sus cigarrillos; todo aquello producto solamente del intercambio. El mercado no era perfecto todavía. Durante una o dos semanas, a medida que crecía el volumen de comercio, el sistema de precios fue pareciéndose y haciéndose conocido. Juan, que había cambiado su carne envasada por prácticamente cualquier alimento, comenzó a insistir en recibir a cambio jamón o margarina. Nos dimos cuenta que un tarro de jamón envasado valía media libra de margarina más algo; que un paquete de cigarrillos valía varios pedazos de chocolate y que una lata de zanahorias partidas valía práticamente nada.

En este campo, nosotros no visitábamos otros edificios muy a menudo, y los precios variaban de un edificio a otro. De esta forma, se explica la verosimilitud de la historia del sacerdote, recién relatada. Hace fines del mes, cuando llegamos al campo que sería permanente, existía un comercio muy activo y generalizado de todo tipo de bienes y sus precios relativos eran conocidos y expresados, no en términos de otro bien por el cual se deseaba cambiar – no se expresaba el precio del azúcar en términos de chocolate, por ejemplo – sino que todos los precios se expresaban en términos de cigarrillos. El cigarrillo llegó a ser la unidad de valor. En el campo se comenzó a anunciar mediante letreros puestos en las ventanas, las diferentes ofertas –"porción de queso por siete" (se refería a cigarrillos). Las horas que seguían a la recepción de las raciones era una verdadera Babel. Los inconvenientes de este sistema llevaron pronto a su reemplazo por un letrero para todo tipo de edificio, en el cual, bajo los títulos de "Hombre", "Pieza Número", "Se compra", "Se ofrece", se anunciaban las diferentes ofertas. Cuando se hacía alguna transacción era tachada del letrero. El inventario de transacciones hechas era entonces público y el precio de los cigarrillos se hizo conocido a través de todo el campo y, mediante el comercio, se igualó prácticamente en todo el campo, a pesar de que seguía habiendo oportunidades para que algún astuto comerciante hiciera utilidades mediante el arbitraje.

Con este procedimiento, todo el mundo incluyendo a los no fumadores, estaba dispuesto a vender a cambio de cigarrillos y usar éstos, posteriormente, para comprar otras cosas que deseara. Los cigarrillos se transformaron así, en dinero a pesar que, por supuesto, siguió existiendo cierto trueque.

La unidad de mercado y la existencia de un sólo precio dependían directamente de la organización del campo. Un campo transitorio era siempre caótico e inconfortable, había demasiada gente en poco espacio, nadie sabía donde estaban los viviendo sus compañeros y pocos se tomaban la molestia de buscarlos. En esas situaciones, la organización era muy débil para que existiera esa especie de bolsa de transacciones a que nos referimos; algunos avisos privados eran lo más que aparecía. En consecuencia, en un campo transitorio no existía un sólo mercado sino varios. El precio de un tarro del salmón llegó a variar entre 2 y 20 cigarrillos entre un extremo y otro del campo.

A pesar de que el nivel de organización relativamente alto se consiguió en Italia, el mercado fue dividido e imperfecto en el siguiente campo transitorio al que llegamos después de nuestro traslado a Alemania, en el otoño de 1943. En este campo – Stalag VII A en Moosburg, Baviera- había más de 50.000 prisioneros de todas las nacionalidades. Los franceses, rusos, italianos y yugoslavos tenían libertad para movilizarse dentro del campo; los ingleses y norteamericanos no podían moverse fuera de sus edificios, a pesar de que unos pocos cigarrillos dados al centinela, otorgaban siempre permiso a uno o dos hombres para visitar otros campamentos. La gente que visitaba el campamento de los franceses, que contaban con un comercio altamente organizado y con precios más o menos establecidos y conocidos, encontraba que el extracto de café – relativamente barato entre los ingleses bebedores de té – tenía allí precios altísimos en términos de pasteles o cigarrillos; de esa forma, algunos prisioneros con espíritu comercial hicieron pequeñas fortunas. (Más tarde, nos dimos cuenta de que gran parte del café salió de nuestro campamento, no hacia otros campamentos, sino hacia afuera del campo y fue vendido a precios fenomenalmente altos en el mercado negro del café de Munich; se decía que algunos prisioneros franceses amasaron inmensas fortunas en marcos. Esta fue una de las pocas ocasiones en las cuales nuestra economía, normalmente cerrada, entró en contacto con otras economías del mundo).

Poco a poco, la opinión pública del campo se fue haciendo hostil hacia las ganancias monopólicas que hacían los franceses y quienes comerciaban con ellos, y el comercio con ellos fue regulado. A cada dormitorio le fue asignado una cuota de artículos que ofrecer a los franceses y la transacción con ellos fue hecha con representantes acreditados de la sección inglesa del campo, con poder y derechos monopólicos. El mismo método fue utilizado para comerciar con otras secciones del campo y otros mercados. En este comercio, el secreto y los precios "razonables" tuvieron una importancia especial, pero como siempre sucede con el comercio entre empresas reguladas, los traficantes sin licencia se hicieron poderosos... y ricos.

En el campo de concentración de Alemania se observó de más alto nivel de organización. Además de la verdadera bolsa de comercio ya citada, se organizó un almacén controlado por la oficina de prisioneros británicos, sobre la base de servicio a los prisioneros y no de hacer utilidades. Los prisioneros entregaban al almacén sus saldos de ropa, artículos de tocador y alimentos, hasta que ellos eran vendidos por éste a un precio fijado en cigarrillos. Sólo pagos en cigarrillos eran aceptados. No había trueque ni regateo.

A lo menos, para los alimentos había precios estándar; en las ropas, por ser menos homogéneas, el precio era fijado de común acuerdo sobre la base de cierta norma entre el vendedor y el gerente del almacén; las camisas costaban un promedio de 80, con un rango entre 60 y 120, dependiendo de la calidad y el uso que tenían. El almacén mantenía por conveniencia, pequeños stocks de alimentos; el capital fue producto de un préstamo en cigarrillos de la Cruz Roja y se pagó en pequeñas comisiones cobradas por el almacén. De esta manera, los cigarrillos pasaron a ser dinero como cualquier otro en el mundo exterior y el mercado quedó así completamente unificado.

Debe tenerse en cuenta que el mercado nació sin que existiera en esa sociedad trabajo ni producción. La Cruz Roja puede ser asimilada al factor productivo "Naturaleza" de los libros de texto y, los artículos objetos de comercio, - alimentos, ropas, cigarrillos – como bienes libres. A pesar de esto y a pesar de la distribución más o menos igualitaria del ingreso entre los prisioneros, el mercado entró espontáneamente en operación y los precios fueron determinados por la interacción de la oferta y la demanda. Es difícil reconciliar este hecho con la Teoría del Valor del Trabajo.

En verdad, había un mercado del trabajo muy embrionario. Aún cuando los cigarrillos no eran escasos había personas dispuestas a prestar servicios a cambio de ellos. El lavado de una camisa era anunciado a un precio de dos cigarrillos. Un retrato pintado costaba treinta cigarrillos. El zurcido, la confección y arreglo de ropas también tenían su precio.

Había también servicios empresariales. Un dueño de cafetería le vendía té, café o cocoa al precio de dos cigarrillos por taza. Compraba su materia prima a precios de mercado y contrataba trabajadores para prepararla, lavar tazas, atender a la gente, etc. Hasta se contrató el servicio de un contador durante cierto tiempo. Esta cafetería, después de un período de gran prosperidad, se expandió y quebró desastrozamente por un monto de varios centenares de cigarrillos. No hubo muchas empresas privadas tan grandes como la descrita, pero sí existieron varias medianas y muchos comerciantes. El sacerdote en Italia o el hombre que en Moosburg inició el comercio con los franceses, son ejemplos de éstos últimos.

Mientras más subdividido estuvo el mercado, menos estables y uniformes fueron los precios y mayores las oportunidades de ganancias para esta gente.

Un prisionero aprovechó y capitalizó su conocimiento del idioma hindú, comprando carne de vacuno a los que lo hablaban y vendiendo jamón y mantequilla a cambio. A medida que sus operaciones se hicieron conocidas, más y más gente entró a este comercio y los precios en el sector hindú se fueron aproximando poco a poco a los del resto del campo. A pesar de que, en un principio, las dificultades lingüísticas habían impedido el libre comercio, éste se fue estableciendo y las posibilidades de ganancias del "contacto" fueron desapareciendo. Algunos prisioneros llegaron a ser especialistas en el comercio de artículos que les interesaba a los hindúes; ciertos alimentos, vestuario y aún relojes. Los intermediarios actuaban por su propia cuanta o a consignación, cobrando comisión.

Un comerciante en alimentos y cigarrillos que operaba en períodos de escasez se hizo bastante famoso. Su capital, cuidadosamente ahorrado, se componía de cincuenta cigarrillos, con los cuales compraba raciones en los días de abundancia – cuando las raciones se entregaban – y las guardaba hasta que los precios subían – poco antes de la entrega de raciones. También había algo de dinero mediante el arbitraje a través del campo. Varias veces al día, visitaba los mercados o bolsas de los diferentes sectores y sacaba ventajas de cualquier discrepancia en los precios comprando donde estaba barato y vendiendo donde estaba caro. Su conocimiento de los precios, mercados nombres de los clientes, era sencillamente fenomenal. Por este medio, él podía fumar permanentemente – eran las utilidades – manteniendo constante su capital.

Las raciones de azúcar se entregaban los días sábado. Los martes, un amigo y yo visitábamos a Samuel, - así se llamaba el comerciante - y hacíamos un trato. Como viejos clientes, nos adelantaba por el azúcar – que entregaríamos el sábado – tanto dinero como podía y anotaba la transacción en su libro. El sábado en la mañana nos dejaba tarros de cocoa en nuestras camas para el desayuno de esa mañana y los retiraba en la tarde del mismo día, anotando la venta como una deuda nuestra. Como éramos viejos clientes, esperábamos un calendario de regalo para Pascua, pero Samuel no lo hizo. Se había quedado sin vender una gruesa cantidad de miel negra que había comprado cuando el precio estaba muy bajo y; en una condición financiera muy débil, fue incapaz de resistir una llegada inesperada de raciones, con la consiguiente baja de precios. Pagó todas sus deudas pero con su capital. El martes siguiente, cuando todos fuimos en nuestra visita habitual, supimos que había quebrado.

El crédito era utilizado en muchas, quizás en la mayoría, de las transacciones en una u otra forma. Samuel pagaba por anticipado las entregas futuras de azúcar. Además, el precio variaba de acuerdo a los términos en que se vendía. Una ración de miel podía ser ofrecida a cuatro cigarrillos ahora y a cinco la próxima semana. En el mercado de futuro, el pan ahora era algo completamente distinto que el pan del jueves. El pan era entregado los jueves y lunes en raciones para tres o cuatro días, respectivamente: entonces, los miércoles y domingos en la noche, el pan había subido su precio, por lo menos, en un cigarrillo la ración. Un prisionero siempre ahorraba para venderla cuando su precio llegara al máximo (8 cigarrillos) y eso le permitía fumar permanentemente.

Los Cigarrillos como Dinero

A pesar de que los cigarrillos como dinero, ofrecían ciertas características especiales, servían para todas las funciones que normalmente desempeña el dinero en las economías de "afuera". Era unidad de cuenta, de medida y depósito de valor. Eran homogéneos, razonablemente durables y de tamaño conveniente para las pequeñas, - o en paquetes -, grandes transacciones. También podían ser partidos o adelgazados de tal manera que contuvieran menos tabaco.

En los cigarrillos también operaba la ley de Gresnam. Algunas marcas eran más aceptadas que otras para fumarlas, pero como unidad de dinero un cigarrillo era un cigarrillo. En consecuencia, los compradores usaban los cigarrillos más malos y el almacén recibía sólo de vez en cuando cigarrillos de buenas marcas. Cigarrillos como los "Churchman's Nº1", se usaban rara vez en el comercio. En cierta ocasión, comenzaron a circular cigarrillos hechos a mano con tabaco de pipa. El tabaco de pipa era entregado por la Cruz Roja en lugar de los cigarrillos a una tasa de 25 cigarrillos por onza de tabaco de pipa, y esa tasa era la estándar en el comercio dentro del campo; pero una onza de tabaco producía 30 cigarrillos hechos a mano. Naturalmente que las personas que tenían o recibían cigarrillos hechos a máquina, los desarmaban y volvían a hacerlos a mano, con menos consistencia, de tal manera que con 25 cigarrillos fabricaban 30 o más. Los cigarrillos hechos a mano no eran homogéneos y, como consecuencia, los precios no se expresaron más en cigarrillos no controlados. Cada cigarrillo era controlado antes de ser aceptado como medio de pago y aquellos demasiado delgados, eran rechazados o se solicitaba algunos extras que los compensaran. Por un tiempo, pues, sufrimos todos los inconvenientes de tener una moneda envilecida.

Los cigarrillos hechos a máquina eran universalmente aceptados, tanto que para usarlos como dinero como para fumarlos. El hecho que tuvieran un valor intrínsico, constituyó su principal defecto como dinero. Esta desventaja, es cierto, existe pero en menor grado en el caso de la moneda metálica. En resumen, el defecto es que exista una fuerte demanda para usos no monetarios. En consecuencia, nuestra economía en el campo de concentración estuvo sujeta a repetidas ocasiones a una inflación y a períodos de astrigencia monetaria. Mientras los envíos de 25 o 50 cigarrillos por hombre a la semana, provenientes de la Cruz Roja, llegaron regularmente y mientras había ciertos stocks de cigarrillos mantenidos por los prisioneros, los cigarrillos cumplieron las funciones de dinero admirablemente bien. Pero cuando los envíos eran interrumpidos, los stocks se terminaban muy luego, los precios bajaban, el volumen de comercio declinaba y lo poco que se comerciaba se hacía por medio del trueque. Esta tendencia deflacionaria era periódicamente revertida por la repentina llegada de nuevas partidas de dinero. Envíos privados de cigarrillos llegaban pequeños montos a lo largo del año, pero la gran masa de ellos llegaba trimestralmente, cuando la Cruz Roja conseguía el turno de transporte para trasladarlos. Varios cientos de miles de cigarrillos podrían llegar en un período tan breve como un par de días. Los precios se encumbraban y luego comenzaban a bajar, lentamente al principio y después con creciente rapidez, a medida que el stock de cigarrillos se agotaba, hasta que llegaba el próximo gran envío en que el proceso se iniciaba nuevamente. Muchos de nuestros problemas económicos en el campo, podrían ser atribuidos a esta fundamental inestabilidad.

Movimientos de Precios

Muchos factores afectaban los precios; el más fuerte y notorio era la periódica inflación monetaria y la deflación descritas en los últimos párrafos. La periodicidad de estos ciclos de precios, dependía de los envíos de cigarrillos y, en mucho menor medida, de los de alimentos. En un principio, en los primeros días del campo, antes de que llegara ningún envío privado y cuando no había stocks acumulados, los envíos semanales de cigarrillos y alimentos llegaban los lunes. La demanda no monetaria de cigarrillos era grande y menos elástica que la demanda por alimentos, en consecuencia, los precios fluctuaban durante la semana, bajando hasta el domingo en la noche y subiendo bruscamente el lunes. Más tarde, cuando muchos prisioneros mantenían reservas de cigarrillos, la "emisión" semanal no tenía tal efecto porque constituía una proporción muy pequeña de la cantidad total de cigarrillos existentes. El crecimiento permitía a las personas sin reservas, saciar sus demandas no monetarias durante el fin de semana.

El nivel general de precios también era afectado por otros factores. La llegada de un nuevo contingente de prisioneros, casi siempre hambrientos, los hacía subir. Incursiones aéreas en la vecindad del campo, probablemente incrementaban la demanda no monetaria de cigarrillos y acentuaba la deflación. Las malas y buenas noticias de la guerra, ciertamente tenían sus efectos y las olas generalizadas de optimismo y pesimismo que invadían el campo, se reflejaban en los precios. Antes del desayuno, una mañana de Marzo de este año, circuló un rumor acerca de la llegada de un envío de cigarrillos y alimentos. En un período de diez minutos, vendí una ración completa de miel en cuatro cigarrillos, en circunstancias que la había ofrecido durante varios días a tres, y muchos negocios similares a ese fueron hechos por otros prisioneros. Cerca de las diez de la mañana, el rumor fue desmentido y la ración de miel no pudo venderse ni siquiera en dos cigarrillos.

Aún más interesantes que los cambios en el nivel de precios, fueron los cambios en la estructura o sistema de precios. Cambios en la oferta de un bien debido a cambios en la ración que nos daban los alemanes, o cambios en la composición de los envíos de la Cruz Roja, hacían variar los precios de un bien respecto de otro. Tarros de avena confitada, al principio un alimento caro y hasta lujoso, contenido en las raciones, llegaron a ser comunes hacia 1943 y su precio real bajó. En tiempo caluroso, la demanda por cocoa bajaba y la de jabón subía. El descubrimiento de que las pasas y azúcar podrían servir para fabricar un licor de alto grado alcohólico, tuvo efecto permanente en el mercado de frutas secas.

En Agosto de 1944, el tamaño de los paquetes con cigarrillos y alimentos fue reducido a la mitad. Como ambos lados de la ecuación fueron reducidos en la misma proporción, los cambios en precios no fueron anticipados. Pero este no fue el caso; la demanda no monetaria de cigarrillos era menos elástica que la demanda de alimentos y el precio de los alimentos bajó en alguna medida. Más importante, sin embargo, fue el cambio en la estructura de precios. La margarina y el jamón de procedencia alemana, hasta entonces casi sin valor debido al adecuado abastecimiento de mantequilla y mermelada canadiense, adquirieron valor. El chocolate, de consumo popular y venta asegurada, y el azúcar, bajaron de precio. El pan subió de precio. Numerosos contratos de venta de pan no fueron respetados especialmente después que la ración de pan fue reducida.

En Febrero de 1945, un soldado alemán que manejaba un camión repartidor, estaba dispuesto a cambiar dos torrejas de pan a un precio de una barra de chocolate cada una. Aquellos que lo sabían, comenzaron a vender pan y a comprar chocolate, hasta ese instante prácticamente invendible en un período de seria deflación como el que estábamos pasando. El pan que costaba 40, comenzó a bajar lentamente de precio y el chocolate comenzó a subir desde su precio de 15. La oferta de pan no era suficiente para que los dos bienes llegaran a cambiarse a la par, pero la tendencia de sus precios a igualarse era indudable.

La substitución de margarina alemana por mantequilla canadiense, después que los paquetes fueron reducidos a la mitad, afectó, naturalmente, los precios relativos de estos bienes. La margarina subió de precio y la mantequilla bajó. Igualmente, de dos marcas de leche en polvo, diferentes en calidad y, hasta ese momento también con una diferencia de cinco cigarrillos en sus precios, tuvieron una tendencia a igualar sus precios, a medida que la amplia substitución de la más barata hizo subir su valor.

Bastante se ha dicho ya para demostrar que cualquier cambio en las condiciones afectaba tanto al nivel general de precios como a la estructura de precios. Este último fenómeno fue el que arruinó nuestra planificada economía.

Papel Moneda – Marcos Falsos

Cerca del día D, había abundancia de alimentos y cigarrillos, los negocios estaban muy activos y en el campo se vivía un clima de optimismo. En consecuencia, el comité de entretenciones creyó oportuno el momento para crear un Restaurante donde se vendían comidas y bebidas calientes, mientras una banda de músicos actuaba y se desarrollaba un espectáculo de variedades. Algunos experimentos anteriores de este tipo, tanto públicos como privados, habían abierto el camino para este tipo de actividades y, en consecuencia, ellos fueron un éxito. El alimento era comprado a precio de mercado para abastecer de comida al Restaurante y las pequeñas ganancias que éste obtenía eran destinadas a un fondo de reserva que se usaba para pagar propinas a los alemanes, con tal de que abastecieran de elementos al teatro del campo. En un principio, las comidas eran vendidas por cigarrillos, pero esto significaba que todo el esquema fuera vulnerable a los períodos de deflación y, además que los fumadores habituales no asistieran muy a menudo. Todo el éxito del esquema del Restaurante dependía del volumen adecuado de alimentos que ofreciera a los precios adecuados.

Para incrementar y facilitar el comercio y para estimular la asistencia de los clientes y, en forma secundaria, para anular los malos efectos de los períodos de deflación, el Restaurante y el almacén organizaron un sistema que permitió la creación y el uso de papel moneda. El almacén compraba alimentos a nombre del Restaurante, con billetes emitidos por él que eran aceptados como cigarrillos, tanto en el almacén como en el Restaurante y volvían a ser usados por el almacén para comprar más alimentos. El almacén actuaba como un banco de emisión. El papel moneda estaba respaldado en un 100% por alimentos, de ahí su nombre de marcos falsos. No debería haber sobreemisión, como la que hace normalmente un banco de emisión, ya que el eventual término del campo y el consecuente de los marcos eran previstos para un futuro próximo.

En un principio, un marco falso (bully mark – B.M.) valía un cigarrillo y por algún tiempo, ambos circularon libremente, tanto dentro como fuera del Restaurante.

Los precios se expresaban en B.M. o cigarrillos indistintamente y, por un corto tiempo, los B.M. mostraron indicios de estar reemplazando a los cigarrillos como dinero. Los B.M. estaban ligados a los alimentos, no a los cigarrillos, ya que eran emitidos contra alimentos, digamos 45 B.M. por un tarro de leche y así para las demás cosas. Cualquier reducción en los precios de alimentos expresados en B.M., hubiera significado que había B.M. en circulación sin respaldo. Pero, el precio de los alimentos, como el de los B.M., fluctuaba con la oferta de cigarrillos.

Mientras el Restaurante fue un éxito, el esquema monetario también lo fue. El Restaurante compraba en grandes partidas, todos los alimentos eran comerciables y los precios eran estables.

En agosto de ese año, los paquetes de alimentos y las entregas de cigarrillos fueron reducidas a la mitad y el campo fue bombardeado. El Restaurante cerró durante un corto tiempo y las ventas de alimentos se hicieron difíciles. Aún cuando el Restaurante reabrió sus puertas, la escasez de alimentos y cigarrillos había llegado a ser tan grande, que la gente no quería transformar sus tan valiosos bienes en papel y mantener éste para ser gastado en lujos en el Restaurante. Cada vez se vendió menos alimentos apropiados para el Restaurante y el almacén se fue llenando de fruta seca, chocolate, azúcar, etc. que el Restaurante no compraba. El nivel y la estructura de precios cambiaron. Los B.M. bajaron de precio hasta 4/5 de un cigarrillo y aún más, llegó a ser inaceptable y muy costoso ahorrar en papeles del almacén. Se abandonó el B.M. que no fue más convertible en cigarrillos o alimentos de uso popular. El cigarrillo volvió a ser el único dinero.

El B.M. se terminó. El Restaurante cerró para el año nuevo debido a una escasez progresiva de alimentos y a las largas noches sin luz, debido a la intensificación de los ataques aéreos aliados y los B.M. sólo se pudieron gastar en una pequeña cafetería ubicada a un costado del Restaurante, o en algunas partidas impopulares de alimentos que había en el almacén, y cuyos dueños estaban dispuestos a recibirlos de vuelta a cambio de su dinero. Al final, a todos los dueños de B.M. les fue pagado su valor en tazas de café o fruta seca. La gente que había recibido B.M. por cigarrillos, jamón o pasteles en los días de auge, se sintió agraviada aunque pudo evitar la pérdida mediante su elección restringida de tazas de café y otras cosas no tan valiosas, que aún quedaban en el almacén. Pero ellos no sufrieron una pérdida medida a los precios de mercado de los diferentes alimentos.

Fijación de Precios

Al nivel que se elaboraban estos esquemas se hicieron presentes ciertos intentos muy determinados a planear la economía del campo, mediante la fijación de precios. La Oficina Médica, estuvo durante largo tiempo, con la preocupación de controlar la venta de alimentos debido al temor de que algunos prisioneros vendieran demasiados alimentos por cigarrillos en detrimento de su salud. Los períodos deflacionarios y sus efectos en los precios, eran inconvenientes para todos y eran peligrosos para el Restaurante que tenía que guardar stocks. Además, a menos que los B.M. fueran convertibles en cigarrillos a la par, tenían poca opción de ganar la confianza de los prisioneros y, por lo mismo, de tener éxito como dinero. Como ha sido expuesto, los B.M. estaban fijos en valor respecto de los alimentos pero no respecto de los cigarrillos, los que fluctuaban de valor. Entonces, mientras los precios de los alimentos estaban fijos en B.M., variaban los precios de los alimentos y de los B.M. en términos de cigarrillos.

El almacén estaba en una posición de reforzar el control de precios tanto dentro como fuera de él. En consecuencia, un precio estándar se fijaba para los alimentos que se dejaban para la venta en el almacén y los precios afuera estaban, aproximadamente, en conformidad con la escala que fijaba el almacén y que era recomendada como una guía a otros vendedores, pero fluctuaban bastante alrededor de ella. Las ventas en el almacén a los precios recomendables, eran lentas, aunque en ellas se obtenía un buen precio. Las ventas afuera podían hacerse más rápidamente aunque a precios menores (si las ventas afuera se hicieran a precios más altos, los bienes serían sacados del almacén y vendidos afuera hasta que el precio recomendado subiera, pero los precios eran poco flexibles y no podían seguir al mercado muy de cerca en razón de su propósito, que era mantener la estabilidad). Las noticias publicadas en la pizarra de la bolsa, quedaron bajo el control del almacén. Los avisos cuyos precios excedían o estaban por debajo en más de un 5% respecto al precio recomendado, podían ser borrados por la autoridad. Ciertas ventas no fueron autorizadas por la autoridad y también la opinión pública del campo estaba fuertemente a favor de precios justos y estables. (Los precios recomendados eran fijados, en parte por los datos del mercado, y en parte por consejo de la Oficina Médica).

En un principio, la escala de precios recomendada fue un éxito. El Restaurante, un gran comprador, mantuvo los precios estables alrededor de ese nivel, la opinión pública, que toleraba un 5% de diferencia, ayudó bastante. Pero cuando el nivel de precios bajó debido a las disminuciones de abastecimientos del mes de agosto, y cuando la estructura de precios cambió, la escala recomendada se hizo más rígida. Al principio inalterada, porque no se esperaba deflación, la escala fue bajada tardíamente, pero los precios de los bienes, en la nueva escala permanecieron en la misma relación entre ellos, debido a los B.M., mientras que en el mercado, la estructura de precios había cambiado. La influencia reguladora del Restaurante se había terminado. La escala fue movida hacia arriba y hacia abajo varias veces, siguiendo lentamente los períodos de inflación y deflación, pero que rara vez se ajustaba a los cambios en la estructura de precios. Más y más avisos en la bolsa debieron ser borrados y las ventas en el mercado negro se incrementaron. Al fin, la opinión pública se puso en contra de la escala recomendada y la autoridad perdió la batalla. En las últimas semanas, con una deflación sin paralelo en la historia del campo, los precios cayeron con una rapidez alarmante, no existió escala recomendada y las fuerzas de la oferta y de la demanda solas, sin intervención, determinaron los precios.

Opinión Pública

Aún cuando la opinión pública era confusa y cambiante sobre el tema de comercio, siempre se manifestaba, pero es difícil y arriesgado hacer generalizaciones respecto de su dirección. Una ínfima minoría sostenía que todo comercio era indeseable ya que engendraba una atmósfera desagradable en el campo. Fraudes y algunas "vivezas" eran citadas como prueba de tal aserto. Algunas formas de comercio eran, sin embargo, condenadas más generalmente; el comercio con los alemanes era criticado por muchos. Los artículos de toilet que entregaba la Cruz Roja, que escaseaban y eran entregados en caso de verdadera necesidad, estaban excluidos del comercio por ley y la opinión pública compartía ese criterio. En una oportunidad, cuando se habían presentado numerosos casos de desnutrición entre los fumadores más asiduos, fue prohibido el comercio derivado de las raciones que entregaban los alemanes ya que las víctimas constituían una carga adicional para las escasas reservas de alimentos del Hospital. Pero, mientras algunas actividades eran condenadas como antisociales, el comercio era practicado y su utilidad apreciada por acaso todo el mundo dentro del campamento.

Más interesante era la opinión acerca de los intermediarios y los precios. En general, la opinión pública era hostil a los intermediarios. Su función y su duro trabajo de juntar y tener de acuerdo al comprador y vendedor era ignorado. Las utilidades de ellos no eran miradas como una recompensa al trabajo, sino como el resultado de maniobras más o menos astutas. A pesar del hecho que su existencia constituía una prueba en contrario, el intermediario era considerado como una redundancia en vista de la existencia de una bolsa oficial en que se anunciaban las compras y ventas. Sólo era apreciado cuando el intermediario otorgaba crédito por las compras o ventas que hacía. En esos casos, el elemento de riesgo era obvio para todos y la conveniencia del servicio lo hacían acreedor a cierta remuneración. Eran particularmente impopulares los intermediarios con elementos monopólicos, el hombre que tomaba contacto con el camionero que repartía las raciones y el hombre que se aprovechaba de su conocimiento del idioma hindú. El intermediario, como grupo, era condenado porque reducía los precios. No obstante la opinión pública la mayoría de los prisioneros trataba con intermediarios, consiente o inconsientemente, en una u otra oportunidad.

Había un fuerte sentimiento de que cada cosa tenía su justo precio en cigarrillos. Aunque la fijación del justo precio –el que variaba entre los diferentes campos- era imposible de explicar, este precio era, sin embargo, más o menos conocido. Podría ser mejor definido como el precio normal de un bien en tiempos normales y cuando había muchos cigarrillos. El "justo precio" cambiaba lentamente. No era afectado por variaciones de corto plazo en la oferta, y, a pesar de que la opinión aparecía resignada a aceptar desviaciones del justo precio, un fuerte resentimiento persistía. Una definición más satisfactoria era imposible. Todo el mundo sabía cual era, pero nadie podía explicar por qué.

Tan pronto como los precios comenzaban a bajar debido a la escasez de cigarrillos, se levantaba un clamor contra aquellos que mantenían reservas o podían comprar a precios bajos. Los vendedores a precios bajos también eran criticados y se hablaba de ese mercado como un mercado negro. En cada período de escasez se discutía, sin provecho, la explosiva cuestión de si los no fumadores debían recibir raciones de cigarrillos.

La popularidad del esquema de fijación de precios y el relativo éxito que tuvo, fue, sin duda, el resultado de una opinión pública como la descrita. En varias ocasiones la baja de precios fue postergada por el apoyo dado a la escala de precios recomendada. El anuncio de deflación provenía de un comercio casi paralizado. Los precios se mantenían altos pero nadie compraba. Entonces los precios caían en el mercado negro y el volumen de comercio se restablecía en ese mercado. Aún cuando la escala recomendada era revisada, el volumen de comercio oficial en el almacén, permanecía bajo. La opinión pública era siempre arrasada por los hechos del mercado.

Se dieron argumentos muy curiosos para justificar las fijaciones de precios. Algunos recomendaban precios que estuvieran relacionados con el aporte calórico de los alimentos. Entonces, algunos alimentos quedaban con precios muy altos y no se vendían. Un argumento decía lo siguiente: no todos los prisioneros reciben regalos privados de cigarrillos, entonces, cuando los precios eran altos en el verano de 1944, sólo los ricos podrían comprar. Esto era injusto para los hombres con pocos cigarrillos. Cuando los precios caían en el invierno siguiente, los precios deberían ser mantenidos altos, de tal manera, que los ricos, que habían gozado de la vida en el verano, pusieran muchos cigarrillos en circulación. El hecho de que aquellos que vendieron a los ricos en el verano, gozaron también de la vida y el hecho de que en el invierno siempre había alguien dispuesto a vender a precios bajos eran ignorados. Tales argumentos eran calurosamente debatidos cada noche después que las maniobras de los aliados obligaban a apagar las luces a partir de las ocho de la noche. Pero los precios seguían variando con la oferta de cigarrillos y rehusaban mantenerse fijos de acuerdo a las teorías de los moralistas.

Conclusión

La organización económica descrita funcionó en el verano de 1944. Después vino la reducción de agosto y la deflación. Sus precios cayeron, se recuperaron algo con la llegada de partidas de cigarrillos en septiembre y diciembre, y volvieron a caer. En enero de 1945 los envíos de cigarrillos de la Cruz Roja se terminaron y los precios cayeron aún más. En febrero el abastecimiento de alimentos se había prácticamente terminado y la depresión fue un hecho. Los escasos alimentos eran casi regalados con tal de abastecer a la demanda no monetaria de cigarrillos. Las lavanderías dejaron de operar o sólo lo hicieron por libras esterlinas o marcos. El Restaurante era sólo un recuerdo y los marcos falsos un chiste. El almacén estaba vacío y la bolsa de anuncios estaba llena de ellos, anunciando compras de cigarrillos. El trueque creció transformándose en una alta proporción de un escaso volumen de comercio. Esta, la primera y prolongada escasez de alimentos, en la experiencia del autor, hizo que la estructura de precios cambiara nuevamente, en parte, porque las raciones oficiales que entregaban los alemanes no eran fácilmente divisibles. Una ración de margarina fue bajando gradualmente su valor hasta que se cambiaba directamente por una ración de miel. El azúcar bajó igualmente. Sólo el pan retuvo su valor. Varios miles de cigarrillos, el capital del almacén, fueron distribuidos sin tener efecto notorio. Unos pocos y reducidos paquetes de alimentos y cigarrillos, tales como un sexto de ración y doce cigarrillos para cada uno, produjeron recuperaciones momentáneas en los precios y en el comercio, especialmente cuando coincidían con buenas noticias del frente Occidental. Pero la depresión general no se alteraba notoriamente.

En abril de 1945, el caos había reemplazado al orden económico. Las ventas eran difíciles, los precios muy inestables. La economía ha sido definida como la ciencia de distribuir medios limitados entre fines competitivos e ilimitados. El 12 de abril, con la llegada de la 30ª División de Infantería de los Estados Unidos, la aparición de una era de abundancia desconocida, demostró la hipótesis de que si los medios son ilimitados, la organización y actividad económicas serían redundantes, ya que cualquier deseo podría ser satisfecho sin esfuerzo.